Mirada Crítica

Todos diversos y desprejuiciados

En esta entrega de Mirada Crítica, Arlequín tributa al suplemento pionero, de diarios nacionales, dedicado a la diversidad sexual "Soy", fundado por las periodistas Marta Dillon y Liliana Viola el 14 de marzo 2008, que acompaña la edición de los viernes de Página 12 y propone, desde sus inicios, un periodismo lúdico y comprometido a favor de la no discriminación y en contra de los estigmas hétero-normativos. Adrián Melo, uno de sus principales críticos, autor de la recién editada antología del culo- Aurora Rivera libros- nos regala su particular visión de escenas imprescindibles de temática Queer en el cine y la tevé locales de las últimas décadas.

PODER PERTURBADOR DEL BESO
VIUDAS E HIJAS DEL ROCK & ROLL, SEBASTIÁN ORTEGA - 2014 - JUAN MINUJIN / JUAN SORINI

“La gente puede tolerar a dos homosexuales a los que ve irse juntos, pero si al día siguiente están sonrientes, cogidos de la mano y abrazándose tiernamente entonces no tienen perdón.” Quizás estas palabras de Michel Foucault resulten iluminadoras respecto de la reticencia de la moral occidental y cristiana a mostrar imágenes que revelen que dos hombres, dos mujeres, travestis o intersexuales son capaces de intimidad y dulzura. Para el filósofo francés a la sociedad le resultaba tranquilizadora la secuencia de dos homosexuales que se encuentran en la calle, se “levantan” y se pegan una revolcada en la cama. Pero, para las sexualidades diferentes a la hétero-normativas un beso, siempre resultó más subversivo que el acto sexual en la vida, la literatura, las artes plásticas y los universos cinematográficos y televisivos. Sólo basta recordar las repercusiones mediáticas del tímido pico de Gerardo Romano y Rodolfo Ranni en Zona de riesgo (Maestro y Vainman, 1992/13), las “escandalosas” imágenes de la portada del disco Mujer contra mujer de Celeste Carballo y Sandra Mihanovich que tan sólo insinuaban un beso (1990), o la pudorosa copa de vino que se interpone en la cámara para no mostrar en el beso entre los amantes interpretados por Mario Pasik y Arturo Bonín en la película Otra historia de amor (Ortiz de Zárate, 1986). Las repercusiones llegan hasta nuestros días. El revuelo resurgió cuando uno de los prototipos de la masculinidad en Argentina, Nicolás Repetto, se besó romántica y levemente con Julio Chávez en Farsantes (2013). Pareciera particularmente que un beso entre hombres socava los valores asociados a la masculinidad y que constituyen la base del dominio de los hombres. Por eso también esperamos con tanta ilusión el momento en que Segundo (Juan Minujín) se besara con el petisero Tony (Juan Sorini) en Viudas e hijos del rock and roll (Korovsky – Quesada – Frejdkes, 2014/15). ¡Al fin un beso de verdad! Y, como románticos conservadores y viejos televidentes de novelas, esperamos la justicia poética de que se casaran en el capítulo final.

LA RAULITO: LA IDENTIDAD REPRIMIDA
LA RAULITO, LAUTARO MURÚA - 1975 - MARILINA ROSS

Filmada a partir de noviembre de 1974 y estrenada en 1975, La Raulito (Lautaro Murúa, 1975) es la única película argentina que aborda el tópico de la mujer vestida de hombre en clave dramática. El filme está basado en la vida de María Esther Duffau (1933-2008), célebre simpatizante del Club Boca Junior, quien siendo una niña en situación de calle adoptó la identidad de varón para sobrevivir. La película toma un momento de su vida, ya adolescente, en la cual, en un itinerario que habría denunciado Michel Foucault, deambula entre el reformatorio para delincuentes juveniles, la cárcel y el hospital neuropsiquiátrico. En el brillante desenlace conoce a otro niña / niño en situación de calle, Medio Pollo (Juanito Lara), se hacen amig(x)s y terminan los dos escapando a la playa, al mar, a Mar del Plata. La Raulito no sólo brinda imágenes cinematográficas que constituyen auténticas subversiones de género sino, que a la vez, se planta como una película que denuncia el terrorismo de Estado ejercido por la fuerza parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Interpretada por un ícono lésbico, la cantante Marilina Ross, en la época de producción se entremezclaron la marginalidad de la protagonista -amenazada de muerte por la Triple A- con la del personaje constituyendo ese dato uno de los elementos que hacen más conmovedora a la película y particularmente un maravilloso e inolvidable monólogo en el que Raulito expresa: “Ahí empezó a caer la cana. Por vagancia: ¡adentro! Por cualquier cosa: ¡adentro!...”. Contemporáneo al estreno, Marilina Ross tenía uno de sus mayores éxitos televisivos con la novela Piel Naranja (1975). En lo que constituye un verdadero testimonio y denuncia del autor Alberto Migré de los tiempos que corrían, los amantes -interpretados por Arnaldo André y Marilina Ross- eran asesinados. Es una de las imágenes más significativas de la imposibilidad de cualquier amor y mayormente de los prohibidos y de los que involucran a las disidencias sexuales (la elección de los actores tampoco parece casual en ese sentido) en tiempos oscuros.

LA LOLA: DISIDENCIA DE GÉNERO
LA LOLA, SEBASTIÁN ORTEGA - 2007 - CARLA PETERSON / LUCIANO CASTRO

En algún momento de la década de 1860, el abogado y sexólogo alemán Karl Heinrich Ulrich creó la teoría del tercer sexo al sostener que el homosexual es en realidad una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre. Justo un siglo después en El unicornio (1965), Manuel Mujica Láinez narra la historia de Melusina, un hada que, enamorada del bello caballero Aiol, sufre al no poder tocarlo por ser ella incorpórea. La lola (2007/8), la serie televisiva, utilizó el tópico en sentido inverso. Ahora era un hombre, Lalo Padilla (Juan Gil Navarro), el que, merced a una maldición, se ve encerrado en el cuerpo de una mujer hermosa, obligado a padecer los oprobios de la dominación masculina. El antiguo Lalo devenido en Lola comienza a desear el cuerpo musculado de Facundo (Luciano Castro). Pocas ficciones dieron cuenta de tal multiplicidad de deseos. Antes que Lalo, el único ser humano que tuvo el cuerpo de un hombre y una mujer había sido Tiresías. Consultado por Zeus, Tiresías respondió que había gozado más en la cama siendo una mujer. Lo mismo le ocurrió a Lalo porque elige seguir siendo Lola junto a Luciano Castro. Evidente mejor destino que el de Tiresias que fue castigado con la ceguera por su osadía de género.

ADORABLE MARICA: HUGUITO ARAÑA
MATRIMONIOS Y ALGO MÁS, HUGO MOSER - 1982 - HUGO ARANA

La imagen cinematográfica y televisiva más perdurable del personaje gay lo constituye “la loca”. Desde el fundante personaje Pocholo –Hómero Cárpena en Los tres berretines (Susini, 1933)- pasando por las comedias populares protagonizadas por Luis Sandrini, Los cinco grandes del humor, Nini Marshall, el dúo Porcel–Olmedo hasta Guillermo Francella, entre tantos otros. La marica siempre tiene las mismas características: es amanerada, no se explicitan pero se deducen sus gustos sexuales y es tolerada siempre y cuando circule en universos predeterminados adoptando roles tradicionalmente asignados a la mujer (mayordomos, coristas, vendedores de lencerías, entre otros). De entre ellas, la marica Huguito Araña (interpretado por Hugo Arana), de Matrimonios y algo más, fue uno de los íconos más populares. Algo de subversivo tenía que tener -a pesar de estar interpretado por Hugo Arana, que se hizo famoso merced a una propaganda que ensalzaba las virtudes de la tradicional familia heterosexual- para que en 1982 la producción del programa recibiera un tirón de orejas de las autoridades militares y se viera conminada a que el pobre Huguito se casara con una mujer.

VIDALITA: REVISIÓN HOMO DEL GAUCHO
VIDALITA, LUIS SASLAVSKY - 1949 - MIRTHA LEGRAND

En Vidalita (Luis Saslavsky, 1949), el personaje interpretado por Mirtha Legrand es una mujer que se disfraza de gaucho para hacerse cargo de la estancia de su abuelo y, travestida, logra enamorar al capitán del fortín Mariano de Sucre (interpretado por Fernando Lamas) al punto de que éste estaría dispuesto a casarse con ella aún sin saber si es hombre o mujer, duda que esclarecerá en la misma noche de bodas. Vidalita lleva con entereza las actividades del campo que supuestamente sólo un hombre puede llevar a cabo, dando cuenta de esa manera de que lo que se entiende por masculinidad heroica puede producirse tanto por cuerpos de hombres como de mujeres. Hay una escena en donde Vidalita y otra matrona (interpretada por Amalia Sánchez Ariño) se encuentran en la situación de estar en la misma habitación donde el capitán Sucre se baña (“total todos somos machos”). Probablemente, no se volvería a ver en muchos años nada tan deliciosamente erótico y transgresor, no sólo en relación a la disidencia de géneros y deseos sino también al apuntar contra uno de los tópicos fundantes de la nacionalidad y la masculinidad en Argentina: el ser gaucho y el ser soldado.

 

MARCO BERGER: EROTISMO ENTRE VARONES
PLAN B, MARCO BERGER - 2009 - LUCAS FERRARO / MANUEL VIGNAU

Quiero resaltar dos, de entre tantos de los méritos de la obra cinematográfica de Marco Berger. El primero es que, si exceptuamos a Tiro de Gracia (Becher, 1969), nunca la cámara cinematográfica argentina se detuvo tan obsesiva y lentamente para retratar la belleza del cuerpo masculino y aquí es, sin duda, pionera en detenerse en sobacos, pelos, bultos (hay particularmente un estilo Berger que lleva al bulto a la categoría de obra de arte), colas y otros tantos fetiches de las fantasías sexuales de los gays. La segunda es que explicita lo que tantos otros autores y creadores sólo atinaban a insinuar: erotismo y deseo entre esos amigos varones que potencialmente puede llegar a materializarse en el plano sexual. Tu mejor amigo puede ser marica y mirarte con deseo (Plan B,, Mariposa), o un encuentro casual entre machos lleno de complicidades masculinas (Plan B, Hawai) puede esconder otras intensidades y corrientes libidinales. Las confesiones arrancadas al alba pueden encubrir otras intenciones. Entonces, en un doble y paradojal juego, Berger -a la vez que exalta la masculinidad hegemónica, aparentemente uno de sus objetos de deseo- se burla de ella y la pone en tela de juicio.

LEONARDO FAVIO: AMISTADES PARTICULARES
SOÑAR, SOÑAR, LEONARDO FAVIO - 1976 - CARLOS MONZÓN / GIANFRANCO PAGLIARO

La amistad masculina es casi un tópico sacro argentino, una característica que se le asigna a ese ente abstracto llamado “ser nacional”. Nacida frecuentemente en los bares porteños, alimentada muchas veces en las canchas de fútbol, en las tribunas de los ringsides de box llegó a formar parte de la mitología y el arte argentinos y llenó tan pronto páginas de letras de tango, de obras de teatro y de televisión costumbristas como obras de cine y literatura. Quizás cause extrañeza encontrar a Leonardo Favio en este espacio. Pero es que además de ser el cineasta dickensiano que narró las infancias de los niños pobres y el que, a grandes rasgos, intentó captar en imágenes y sonidos la cultura popular, Favio fue el cineasta de las amistades masculinas. Se trata de amistades viriles, de una intensidad tal que dan sentido a la vida de sus protagonistas. Es la amistad entre los gauchos Juan Moreira y Julián Andrade (Juan Moreira, 1973). O la devoción de Charlie (Carlos Monzón) por Mario el Rulo (Gianfranco Pagliaro) (Soñar, soñar, 1976). O la abnegada amistad entre el boxeador Gatica (Edgardo Nieva) y el Ruso (Horacio Taicher) (Gatica, el mono, 1993). Nada más dulce que Carlos Monzón con ruleros preguntándole a Pagliaro si lo quiere.

LA CARANCHA: UN ÍCONO LÉSBICO

LOS ISLEROS, LUCAS DEMARE - 1952 - TITA MERELLO

En estas líneas quiero hacer la defensa y elevar a la Carancha, personaje interpretado por Tita Merello en la película Los isleros (Demare, 1952), a la categoría de ícono lésbico. No solamente porque de la gran Tita de Buenos Aires siempre se dijo que gozó de amores masculinos como femeninos, sino también porque en el filme, Rosalía es tratada de bruja, de pájaro de mal agüero, es apodada con el despectivo nombre de Carancha y aun así camina orgullosa, rebelde, hombruna y altanera por el pueblo. Su lugar en el mundo es metafóricamente una isla: la que le asigna su marido quien pretende doblegarla a latigazos. Nadie puede con ella: aún en la isla, Rosalía-Carancha maneja con mano férrea su hogar y la educación de su hijo. Los sentimientos de ternura y la capacidad de amor de Rosalía se ponen de manifiesto sobre la persona que en principio parecía odiar: Berta, su nuera. La escena más conmovedora es aquella en que Carancha conduce la canoa con la fuerza reservada a los hombres, seca el sudor de la frente de Berta y oficia de partera de su nieto. La amistad entre las mujeres es la relación que redime a Rosalía-Carancha, que la muestra en su verdadera dimensión humana y es la cumbre del filme.

Escrito por: Adrián Melo.

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Fotos por: Archivo.
Fotógrafo

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