Actuación autogestiva en redes

El “proyecto propio” en soporte digital.

“Hoy somos productores de contenidos todo el tiempo.” Es la clave para entender un nuevo estado de las cosas en el que las pantallas tradicionales ceden el protagonismo a las expresiones del universo digital.

Hay una imagen, que cada tanto repiquetea en la cabeza de los que alguna vez decidieron expresarse a través de la actuación: la asfixiante espera, junto al teléfono, del llamado de un productor de teatro, cine o tevé con una propuesta de trabajo. Es posible, sin embargo, desechar esa imagen, si se tiene la voluntad de aprovechar las herramientas tecnológicas que en la actualidad condicionan (¿digitan?) la vida social y profesional. Como nunca antes, los actores tienen al alcance un escenario global jamás imaginado. 

Produ-actores & Pro-sumidores.
Si, en la actualidad, la irrupción digital hogareña convierte al consumidor en un productor de sus propios contenidos, podría pensarse en una nueva categoría para sortear al principal fantasma actoral: el “produ-actor”. Dícese, de este modo, del artista que auto produce sus contenidos. La autogestión siempre formó parte de la vida de los intérpretes, pero ahora está a un click de distancia. La autogestión 2.0 abre un sin fin de posibilidades creativas que modifican el circuito de producción, distribución e, incluso, comercialización de la expresividad.
“No hubo nunca antes en el mundo tanta facilidad para la producción y distribución de videos”, afirma Carolina Bertoni, gerente de contenidos de YouTube para Argentina y Chile. “Estamos -agrega- en una época en la que se está produciendo una simbiosis entre dos mundos. Todos están encontrando algo del otro. Los chicos crean contenido en YouTube y pueden aprender de quienes llevan muchos años produciendo contenidos para otras pantallas, y los que están produciendo contenidos esas otras pantallas tradicionales tienen mucho para aprender de esta nueva generación de chicos que nacieron con una cámara en sus celulares, grabando videos y conociendo un montón de técnicas para mover el contenido en las redes, haciendo que sus producciones se vean cada vez más. La colaboración es mutua. Cuanto más contenido haya, mejor para todos.” Los datos para comprender los alcances del fenómeno -que puede convertirse en el nuevo escenario digital para los actores en espera- son elocuentes: se calcula que en YouTube conviven alrededor de 300 mil millones de horas de videos. La magnitud productiva de los “pro-sumidores” (usuarios que a su vez producen contenido) adquiere una real dimensión al conocerse que, en la actualidad, se suben a YouTube 400 horas de contenidos por minuto. Claro que es cierto que en esa videoteca universal del siglo XXI hay mucha “basura” artística. Pero, ¿acaso no ocurre lo mismo con la industria cinematográfica Hollywoodense? ¿Y qué decir de la producción televisiva actual? “Si la meta de una actriz o de un actor es formar parte de la telenovela de las nueve de la noche, su fracaso está asegurado”, dispara Malena Pichot, la actriz que se transformó en un fenómeno web en 2008 con su videos de La loca de mierda subidos a Internet. “No sólo estarás condenado al fracaso porque en Argentina cada vez hay menos producción de ficción, a la que llegan poquísimos actores, sino también porque tampoco se trata de espacios para poder desarrollar el arte. Actuar es una manera de vivir, elegir un estilo de vida, para el que se requiere libertad creativa y de pensamiento. En la web hoy hay muchas posibilidades de hacer lo que uno quiere, llegar a muchísima gente y no tener que lidiar con ningún productor. El límite es tu propio límite”, subraya Pichot, a quien la viralización de sus videos la llevó a ser contratada por canales regionales y emisoras mainstream del país.

La irrupción masiva de la tecnología hogareña revolucionó el consumo, pero también la producción audiovisual. La facilidad con la que cuenta hoy un actor para subir a la web sus propias historias no existió nunca antes. Se trata de una exhibición sin costo alguno más que un teléfono celular de última generación o una cámara digital de alta definición. Las habituales vías de transmisión de esos contenidos que sólo requieren de voluntad y creatividad del artista son plataformas gratuitas como YouTube o Vimeo, las redes sociales o, incluso, páginas web propias. El nuevo escenario global 2.0 no sólo abre el camino a la difusión sin barreras ni reglas. También puede convertirse en una posibilidad de “hacerse unos mangos”, a través de algún sponsor o de acuerdos publicitarios que dan una contraprestación ante cada reproducción del video subido. Son pocos los que logran autofinanciarse. Pero se trata de un mercado en pleno desarrollo que ya tiene a muchísimos youtubers en todo el mundo sumando fortunas a sus cuentas bancarias. Ex guionista de celebridades como David Letterman, Chris Rock o Conan O’Brien, protagonista de la serie Louie, Louis C. K. comenzó a liberarse de la condición de ser rehén del mundo corporativo para producir su propia serie. En su página oficial (louis.com), el estadounidense subió su autogestionada serie, Horace & Pete, invitando a los usuarios a descargar cada capítulo a cambio de 5 o 3 dólares, según los episodios. Una manera experimental de empezar a generar sus propios contenidos sin tener que recurrir a los tiempos, caprichos y condiciones de productores y canales.


El medio es el mensaje
La web tiene sus propias reglas: si bien está en pleno y acelerado desarrollo, la escena digital se construye a partir de un anarquismo multiforme que tiene algunas (pocas) cosas claras. A saber: acorde al consumo voraz de los usuarios en la red, los contenidos digitales son de corta duración, portátiles, a demanda y sin rodeos, porque la competencia es infinita. Según una investigación de la consultora ComScore, los argentinos ya consumen más videos on-line que televisión tradicional: el 75 por ciento mira contenido por Internet, contra un 68 por ciento que declara ver tevé abierta o por cable. La batalla sobre por cuál aparato tecnológico se visualizan esos contenidos web tiene un claro y definitivo ganador: el smartphone. En América Latina, el 80 por ciento del contenido web se mira a través de teléfonos celulares, a partir de una característica que los vuelve únicos: su portabilidad.  “Los actores tenemos que darnos cuenta de que llevamos nuestro propio canal de tevé  de alcance mundial en nuestros bolsillos”, puntualiza Sebastián Presta, el productor televisivo que se convirtió en fenómeno viral a través de videos humorísticos que llegaron a alcanzar los 2 millones de reproducciones. Y siguen contando. “Hay que ver -analiza Presta- qué es lo que cada artista quiere contar. No sé si cualquier contenido puede ser viral. El gracioso y el emotivo, seguro. A mí me funcionó mucho ser transgresor, romper las estructuras temáticas que los medios tradicionales respetan. Los consumidores de contenido web tienen, además, algo que los vuelve singulares: necesitan compartir todo aquello que les gusta. Los youtubers no sólo necesitan ver algo interesante, sino también generar que otros también lo disfruten.” La escena 2.0 no es sólo en términos de producción y distribución: también afecta a las formas. Hay una revolución visual que está modificando décadas de cultura audiovisual, trasladando la tradicional pantalla apaisada con la que se formaron generaciones enteras a la de formato vertical, más propia de los smartphones que de la tele. “La pantalla para ficción es la apaisada, pero para los nuevos creadores de contenidos, que vienen sin reglas, no existen las restricciones formales. Hay plataformas sociales como Snapchat donde los videos son verticales. Empieza a haber un eje de creatividad enorme en la web, que rompe con cualquier parámetro establecido. En la era digital no hay reglas sólidas, sino sólo búsquedas. Lo que era imposible ahora es posible”, afirma Esteban Raffo, gerente de plataformas digitales de Telefe, la emisora que hace poco lanzó UPlay Network, una plataforma en la que “cura” y sponsorea a youtubers.  En un escenario audiovisual tradicional en retracción, el mundo digital parece ser el espacio expresivo al alcance de la mano para quienes quieran expresarse. Un universo desconocido con reglas tan recientes como capaces de perfeccionarse de cara a un siglo XXI que está en pleno desarrollo. Quedarse atormentado por viejos fantasmas con potencial de realidad o intentar utilizar las nuevas herramientas tecnológicas parecería ser el dilema de estos tiempos. Ser (digital) o no ser. Esa es la cuestión de la nueva era.

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Escrito por: Emanuel Respighi.
@erespi

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