¿Crisis en las tramas argentinas?

Los Problemas de la Ficción

Especialistas consultados por Arlequín diagnosticas cuáles son, a su juicio, las fallas en los guioens que están produciendo fuga de públicos y baja incidencia en la opinión pública.

La vida se puede medir en horas, días, meses, años. O, por qué no, de acuerdo a las distintas casas que habitamos, los lugares en los que vivimos, los trabajos por los que pasamos o la diversidad de amores que se construimos –o deshicimos-. Pero hay una particular unidad de medida, única y cotidiana, que organiza la vida familiar y funciona como referencia cuando se trata de recordar: la que relaciona situaciones y momentos vividos con ficciones televisivas que, en cada momento, acompañaron etapas de la vida. ¿Acaso no despierta la melancolía el título de una telenovela que fue seguida con inusual fanatismo, el de cualquier ficción que fuera consumida a diario, el nombre de aquel personaje in- olvidable que nos conmovió? ¿Dónde fue a parar ese factor emotivo, que conforma parte de una identidad colectiva, en estos tiempos de ficciones flacas y des- provistas de pasión en la tevé argentina?

Históricamente, ciertas ficciones televisivas trascendieron los límites del televisor. Sus relatos fue- ron espejo en el cual la sociedad se podía reflejar: el público se podía identificar, soñar con historias de fantasía. Si los relatos - en cualquiera de sus formas- fueron, son y serán la amalgama de cualquier comunidad, las ficciones televisivas  fueron las principales narraciones de nosotros mismos en el formato audiovisual. Si la ficción construye y refleja la cultura de una sociedad en un tiempo determinado, ¿qué pasa, entonces, cuando esas propuestas pierden sus tradicionales espacios televisivos, y son reemplazados por latas extranjeras o ya no congregan audiencias masivas como antaño? ¿Son las historias las que no “enganchan”? ¿El mercado obtura la posibilidad de experimentación? ¿O la inclinación televisiva hacia el efecto y el impulso -que dominan la grilla- impacientó al espectador a la hora de dejarse atrapar por historias de progresión pausada?

CUESTIÓN DE MERCADO

“Si uno aísla productos como En terapia o Variaciones Walsh, en los que cada uno está bien en su universo ficcional y satisface a públicos particulares, me da la impresión de que hay algo agotado o desfasado”, opina Claudio Zeiger, analista cultural y editor del suplemento RADAR, de Página/12. “Si se sale de casos particulares y se va a lo panorámico, la pregunta es si a fuerza de show, realities y minuto a minuto la televisión no ob- turó a la ficción. Es decir, el gran público casi no tolera seguir una ficción semana a semana, le destrozaron su capacidad de atención, lo convencieron de que todo el drama o el conflicto se reducen a seguir o no en un programa que busca la voz o el cantante representativo nacional. No estoy en contra de los programas donde participan los aspirantes a cantantes o actores, pero los modelos son tan hegemónicos y arrolladores que lo arruinan todo. La ‘dramaturgia’ se limitó a esos conflictos apenas esbozados y con alta emotividad comprimida en dos minutos, y ahora es muy difícil volver a una ficción con otros ritmos y objetivos”.

Sin caer en el maniqueísmo de cultura versus mercado, pero partiendo de la concepción de que la creatividad debe tener amplios márgenes de libertad, Juan José Becerra ensaya su propia hipótesis respecto del momento actual de la ficción televisiva argentina. “El principal problema de la ficción argentina es, también, su principal limitación y su principal defecto: el populismo de mercado. El summum de este modelo es Pol- Ka, que está orientada a sostener una idea de calidad industrial, como la de las automotrices y los laboratorios farmacológicos. Con lo que deja bastante claro su único propósito, que es el de ser consumida. Sin embargo, en la misma industria hay excepciones, como ocurrió el último año con la versión de la historia del clan Puccio, dirigida por Luis Ortega (Telefe). Historia de un clan tuvo una tasa de composición artística muy visible. Los diálogos de Pablo Ramos se podían “ver”, lo mismo que el cine de Luis Ortega. Y todos sus actores merecen el Olimpo porque se notaba que no es lo mismo para ellos actuar escenas de literatura cinematográfica que clichés para la punta de góndola del espectador degradado.

Demostró que el arte narrativo puede sobrevivir sin rebajar sus aspiraciones de ‘obra’ a la supuesta necesidad de ser solamente un ‘producto’”, subraya el autor de Grasa y Patriotas ¿Es posible atribuir los problemas de la ficción argentina al hecho de que en los últimos años se construyó una audiencia televisiva bajo la lógica del “golpe a golpe”, en un contexto en el que el negocio se achica y los productores abandonan cualquier posibilidad de experimentación? No parece ser un argumento que sume a la solución. Las altas audiencias que, recientemente, alcanzaron novelas como la turca Las mil y una noches o la brasileña Avenida Brasil ponen en discusión la idea de buscar únicamente en causas exógenas la pérdida del interés del público y de losproductores por la ficción nacional. 

Cecilia Absatz, autora de Las mil y una telenovelas, orienta su mirada hacia los libretos. “El principal problema de la ficción argentina -acusa- es que las producciones ponen toda la energía en la elección de los elencos y descuidan los guiones. Cada tira cuenta con excelentes actores, pero los argumentos no tienen nudos de interés ni esa clase de giros capaces de retener el interés del espectador. Las tiras parecen preparadas para que en cada capítulo cada uno de los actores tenga su momento de lucimiento, pero las historias se desarrollan en forma horizontal, no crecen ni culminan. No parecen tener destino. Cuando el interés –traducido en ráting- decae, en lugar de revisar el guión, se contrata a alguna nueva figura. La ficción argentina –sigue- se concentra en los asuntos sentimentales y descarta una fuente inagotable de interés dramático, que es el trabajo. Sabemos -aunque no siempre- de qué trabajan los personajes, pero nunca sabemos qué les pasa en ese ámbito. Nunca vimos a Panigassi trabajar en su taller mecánico, ni a las enfermeras de Mujeres de nadie en sus relaciones con los pacientes”, ejemplifica.

PASADO E INCÓGNITAS

En la uniformidad de los libretos también se detie- ne el crítico y conductor Osvaldo Quiroga, quien cree que la ficción argentina necesita romper con una vieja tara, que es producto de nuestra propia historia. “La dictadura -analiza- dejó una huella muy profunda en la subjetividad de los argentinos. Durante años cierta ficción televisiva, y también el cine, resultaron tan ideologizados que terminaban siendo banales. Ninguna persona de bien puede apoyar una dictadura, mucho menos la nuestra, con su herencia siniestra de crímenes y desapariciones. Pero el arte necesita de ciertas complejidades. Franz Kafka decía: ‘Un libro debe ser como el hacha que sirva para romper el mar helado que tenemos adentro’. Algunos guionistas, con las mejores intenciones, en su afán de marcar la cancha cayeron en el facilismo de construir historias de malos y buenos, en una sociedad donde la mayoría sabe bien quiénes son unos y otros. La ficción televisiva debería responder a todo lo que le pedimos a una obra de arte: pluralidad de voces, riqueza semántica, ambigüedad, zonas de indeterminación y cierta cuota de experimentación que abra el hecho estético a diversas interpretaciones”.

Si la tevé comercial pone su énfasis en fórmulas probadas y esquemas que le sean rentables, es posible que la renovación de la ficción provenga de otras esferas. Los planes de fomento a la ficción, que des- de 2010 el Estado Nacional puso en marcha -desde el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA)- sumó nuevos lenguajes, temáticas y búsquedas estéticas que ofrecieron alternativas a los espectadores. La continuidad de esa política cultural, hoy in- cierta tras el cambio de gobierno, es la que -apunta Carlos Ulanovsky- será fundamental al momento de pensar las condiciones para que la ficción nacional vuelva a brillar en el país y en el mundo.

“Que los jóvenes filmen y se equivoquen, pero que puedan seguir filmando, porque, seguro, la próxima vez les va a salir mejor”, afirma el periodista, autor de Estamos en el aire, casi como un necesario grito de libertad. “¿Cómo creen que se hizo grande Hollywood? Con reiterado ensayo y error. Exactamente lo mismo quiero para la ficción televisiva. Ojalá sigan los fomentos, los subsidios, los concursos de contenidos que, en los últimos años, por decisión de un Estado interventor y protector, generaron miles de puestos de trabajo en todo el país y centenares de nuevos proyectos. Por cierto, claro, de disímil calidad, pero muchos de ellos satisfactorios y sorprendentes”, subraya. Sin embargo, agrega que hacer ficción en el país no es fácil. “El problema más difícil que afronta la ficción televisiva -dice- es la desleal competencia que le plantea la abusiva realidad cotidiana. ¿Qué autor consagrado se animaría a arrancar su ficción con la siguiente situación: de una cárcel de máxima seguridad se evaden, por la puerta grande y sin violencia, probablemente con un arma de juguete, tres conde- nados a prisión perpetua? Si lo hiciera, lo mandarían castigado a su casa. Y, si insistiera, mostrando en el segundo capítulo que buena parte de las fuerzas de seguridad del país los tienen cercados, lo sentarían a ver, completa, El patrón del mal.”

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Escrito por: Emanuel Respighi.
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Fotos por: Archivo.
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